Associació de Sant Jordi

Fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy

Un siglo de Himno de fiestas. Por XESCA LLORIA

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Hace un siglo que la Fiesta tiene Himno, esa seña de identidad que une voces y corazones en torno a la celebración de los Moros y Cristianos en honor a Sant Jordi. Fue el 11 de abril de 1917 cuando el Teatre Calderón acogió la primera interpretación de la pieza ratificada como Himno, convirtiéndose en un auténtico acontecimiento social, cultural y festero. Hasta tal punto resultó exitoso este estreno que se decidió hacerlo extensivo a toda la población, que todos los alcoyanos pudieran disfrutar de esta obra, y para ello se acordó que en la tarde del 21 de abril se interpretara en la Plaza, apareciendo en el programa oficial de actos de ese ya lejano 1917.

Al cumplirse el primer centenario es momento de refrescar cómo una pieza de una zarzuela se convierte en marcha mora y, finalmente, pasa a ser Himno de Fiestas. Y en todo ello un nombre, el del compositor Gonzalo Barrachina Sellés, quien falleció un año antes de la declaración de su obra como Himno de Fiestas y quien nunca llegaría a imaginar que lo que en principio parecía un proyecto frustrado acabaría convirtiéndose en una seña de identidad de la ciudad y de su Fiesta de Moros y Cristianos, que los alcoyanos reconocen como algo propio y que pasa de generación a generación. Gonzalo Barrachina Sellés (29 de septiembre de 1869 – 1 de mayo de 1916) es un compositor muy poco estudiado y un siglo después de su fallecimiento sigue sin existir prácticamente información sobre su vida, a excepción de datos puntuales sobre sus composiciones y una obra que Joan Valls le dedicó en 1951 con un marcado carácter literario.

Entre los datos que se saben de su vida está el que estudia en los Franciscanos de Cocentaina, población de la que proceden sus padres, y que forma parte de la Sociedad Filarmónica Nueva, hasta que sus progenitores deciden que se traslade a Madrid para seguir con sus estudios musicales, en la Escuela Nacional de Música y especializándose en el oboe. En Madrid llega a codearse con importantes personalidades, como el maestro Ruperto Chapí, y de hecho vive inmerso en el mundo artístico madrileño con la zarzuela como protagonista. Sin embargo, no parece que sea feliz y una cierta depresión comporta que tome la decisión de regresar a su ciudad natal, donde pronto pasa a formar parte del mundo cultural local.

Pasan los años y Gonzalo Barrachina va dejando su impronta en diferentes entidades culturales, musicales y sociales de la ciudad, como también sigue muy presente en él un gran interés por el mundo árabe, que le acompaña desde tiempo atrás. Ya en Alcoy se encuentra con la posibilidad de traer este mundo hasta aquí, con motivo de la capitanía de la filà Marrakesch del año 1910, pues acude con un grupo de festeros de la misma hasta el norte de África con el fin de tomar ideas para una capitanía que busca marcar un antes y un después. La estética está en marcha, y junto a ello Barrachina se impregna de unos ritmos que le llevan, junto a Rafael Casasempere, a adaptar una pieza de la zarzuela que está preparando ‘La Bella Zaida’, hasta convertirla en una marcha árabe para una impactante capitanía. El cargo luce esplendorosamente, es un éxito, y con ello se va popularizando esta marcha adaptación, que toma por título el ‘Sig’, hasta tal punto de que la Fiesta empieza a sentirla como propia.

La salud de Barrachina comienza a resentirse allá por 1915, y el 1 de mayo de 1916 fallece, a los 46 años de edad. Un fallecimiento que llega a tener repercusión en Madrid, publicándose necrológicas en la prensa nacional y especializada en música. En Alcoy, un mes después, se le rinde homenaje en un acto celebrado en el Teatre Calderón y se interpreta una versión del ‘Sig’ para orquesta, de la mano de artistas nacionales y de la Nueva, banda que el compositor dirigió. A partir de ahí Rafael Casasempere y José Gisbert, amigos de Gonzalo Barrachina, ponen en marcha una especie de campaña con una idea: que el ‘Sig’ pase a convertirse en el Himno de Fiestas. Tan hondo ha calado esta pieza en la sociedad alcoyana que la Asociación de San Jorge, presidida por Francisco Laporta Gisbert, trata la posibilidad de convertirla en el Himno.

Fue en la reunión de la junta directiva celebrada el 14 de febrero de 1917 cuando se aborda esta cuestión, tal y como se recoge en el acta de la misma: “Visto el entusiasmo con que es oído cuantas veces se toca el pasodoble titulado el “Sig” del que es autor el notable músico alcoyano D. Gonzalo Barrachina Sellés (q.e.p.d), el que al ser ejecutado hace sentir el recuerdo de nuestros festejos de Moros y Cristianos, y habiendo escrito letra para aplicarla a dicha obra musical el distinguido alcoyano, abogado, periodista y laureado poeta, D. Eugenio Moltó Botella, en la que le dan sus versos el carácter de nuestra tradición, esta Directiva acordó proponer a la General en la primera reunión que se celebre el que sea declarado Himno de Fiestas”.

Unos días después, el 25 de febrero de 1917, se reunía dicha junta general, en la que se ratificaría esta declaración del ‘Sig’ como Himno de Fiestas: “… el Presidente de la Junta Directiva, Sr. Laporta Gisbert, propuso en nombre de la misma, y fue aprobado, declarar Himno de Fiestas al pasodoble titulado el “Sig”, que es autor el malogrado músico alcoyano D. Gonzalo Barrachina Sellés, habiendo escrito letra para dicha obra musical el laureado poeta alcoyano D. Eugenio Moltó Botella, a quien se acordó telegrafiarle, dándole las gracias por este motivo, como también el recabar la autorización de la familia del Sr. Barrachina”, según recoge el acta de la sesión. Declarado Himno de Fiestas, suena por primera vez como clausura del festival artístico que organiza la Asociación de la Prensa de Alcoy y que se celebra el 11 de abril de 1917 en el Teatre Calderón.

El éxito es total, con un teatro en pie, hasta el punto de que se decide que en la tarde del 21 de abril se interprete en la entonces Plaza de la Constitución. Con el paso de los años, el ‘Sig’ convertido en Himno de Fiestas se ha alzado como una de las piezas más interpretadas en Alcoy, una de las más populares y que más sentimientos encontrados despierta en los alcoyanos. Llega el año 1965 y la Fiesta del Pasodoble experimenta un cambio radical, dejando atrás el concurso musical que se desarrollaba en La Glorieta para evolucionar hacia una celebración similar a la que ha llegado hasta nuestros días modificando, eso sí, el trayecto de las bandas hasta llegar a la Plaza de España. Una Plaza que, a partir de ese año, acoge de manera continuada la interpretación del Himno de Fiestas en la víspera del inicio de la Trilogía. Es, curiosamente, ese mismo año (1965) en el que el Himno de Fiestas es declarado por el Ayuntamiento como Himno Oficial de Alcoy, tomando únicamente para ello la música.